02 TINTA
Algunas letras llenas de mi que podrás leer en mi próximo libro.
Cuando era pequeña podía perderme entre los colores. Tenía cajas y cajas de zapatos llenas de colores. Las tenía en mi casa, en casa de mis abuelos y en casa de algunos tíos. Todos sabían que la forma de hacerme feliz y mantenerme bastante entretenida era regalándome colores.
Ahora, a mis 31 años, la edad en la que escribo este libro sigo perdiéndome entre colores.
Es curioso, jamás he tenido un color favorito. Me gusta pensar que es porque en todos veo algo de magia, algo único, algo que celebrar y no solo porque me cuesta elegir entre tantos y me niego a elegir uno para toda la vida, ¿Quién lo haría? ¡Porque lo harían!
Hace poco opté por darle un color al año y adueñarme de todo lo que ese color representaba para mi.
Para este año elegí el color esmeralda. Para muchos, según google este color simboliza el crecimiento, el progreso, la naturaleza y la sanación, pero para mí simboliza la gracia. La seguridad en uno mismo, el caminar confiado y sereno. El color esmeralda es elegante y para mí es la perfección que hay dentro de lo más imperfecto, siendo un color que representa lo natural, lo limpio, lo lleno de vida. Es justo eso, un color lleno de vida y así quería que se sintiera este año, y hasta hoy así se ha sentido. Un año conectado conmigo. Un año lleno de vida, de un poco más seguridad en mí, en mi camino, en mis sueños, ha sido un año de un caminar con gracia.
En la mezcla de colores encontré también una señal. Otra más.
Toda técnica de pintura tiene cierto encanto, cierta dificultad y siempre un mensaje oculto si estamos dispuestos a verlo. Mi favorita es la acuarela. Es tan libre, tan relajada, tan amigable, es tan infinita y llena de posibilidades, es así com deberíamos ver y sentir la vida.
Cuando pones el pincel en agua y lo pasas por estas pinturas para ir al papel, al tocarlo la pintura se esparce lenta y profundamente, esta comienza a cambiar de tonalidad conforme fluye y se adueña del papel y entonces crea estos bordes como si fueran paredes, que quizá solo son los propios límites de la pintura que marcan un antes y después y que muchas veces con algo de suerte y gentileza puedes entender y mezclar con diferentes tonos que crean más, muchos más. Nuevas opciones, nuevas oportunidades, nuevas puertas.
A través de la pintura también he dicho mucho. Aunque está siempre la he dejado solo para mí. A diferencia de mi relación con la tinta, la pintura ha sido ese abrazo suave, calientito y mucho más esporádico. Me he encontrado entre colores que no conocía y en esta sensación de libertad única para cada quien, indescriptible para mí.
Me he encontrado llena de paz, felicidad y asombro entre los pinceles y el agua al absorberse en el papel, creando, entendiendo y dandole lugar a esta dualidad en mí. Porque lo que en tinta muchas veces tuve que quemar y censurar en las acuarelas tantas otras me permití conservar. Porque también en marcar lo que un día dolió o incluso nos quebró, vale la pena admirar, recordar y conservar. Siempre vale la pena crear arte con lo que fue el puente directo hacia nuestra transformación, porque es ahí donde contemplamos y abrazamos una versión de nosotros que nos sostuvo y que a tocado dejar ir. Es ahí, frente a esa obra de arte que celebramos lo que ahora desde un nuevo lugar nos permitimos ser.
VL
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