La vida va corriendo rápido y a la vez regala pequeños momentos que parecen detenerlo todo.
La vida va corriendo a un ritmo que al parecer poco conozco, poco entiendo, no alcanzo a escuchar con claridad, pero sin más decido seguir como mejor entiendo.
La vida es solo una y me pareciera que a veces lo olvido.
Olvido que todo pasa, nada es permanente, porque incluso lo que se queda cambia, se transforma, crece, muda de piel, aunque nunca de esencia.
Olvido que lo que hoy puede pesar y se ve enorme, solo es cuestión de tiempo para que termine siendo un pequeño grano de arena, entre tanto más, ya sin peso, ya sin esa magnitud.
Olvido que la vida me presta a las personas y que estas no siempre se quedan, incluso si sigo compartiendo el mismo espacio con ellas. La energía se va, se desvincula.
Olvido que todo influye en mi andar, en mis emociones y decisiones, pero que si soy valiente podre saber con qué me quedo para permitirle que mueva todo y que suelto porque no vale la pena darle el espacio y la atención.
Olvido que puedo elegir, siempre puedo elegir hablar o callar, sostener o soltar, parar o avanzar, amar o diluir, siempre tengo el poder de elegir como caminar mis versiones.
Olvido que la vida es aquí y ahora y entonces ¿Cómo quiero sentirla?
La vida si pasa y para que pase de la mejor forma es importante fluir desde nuestra esencia, respetar el cambio y ser limpios con nuestras acciones.
Relacionarnos desde la vulnerabilidad y empatía, entendiendo que todos somos libres de elegir y que si alguien decide soltarnos lo justo y más amoroso es dejarlos ir, aunque duela, aunque sigamos en el mismo espacio, aunque lo que para ellos ya no es para nosotros siga siendo.
VL

