Diciembre
y sus ganas de claridad.
Se acerca el final de año, y Diciembre siempre llega con nostalgia, con muchísimas preguntas y con un recorrido profundo de todo lo que se vivió estos 12 meses.
Y es que es imposible no pensar en aquellas cartas que envíamos, las que se quedaron guardadas en el cajón y otras tantas de las que solo hay eco en nuestra mente, porque el valor o las ganas para dejarlas en tinta no llegaron a tiempo y entonces la vida siguió con ellas pegadas a nosotros.
Comienzan a llegarnos imágenes mentarles de detalles de los momentos que tomamos con ambas manos durante estos meses. Momentos que abrazamos, que sentimos hasta los huesos, que nos marcaron. Momentos que nos hicieron llorar de felicidad pura o de dolor profundo. Que nos dieron una gran lección o que nos empujaron lejos de lo que creíamos eterno, de lugares, relaciones o planes.
Comienzan a sentirse con más intensidad esos límites que pusimos, pero que como consecuencia nos voltearon la vida dando un giro de 180°, y eso trajo despedidas, duelos y mucho movimiento que, aun cuando volvemos a ese día en el que el límite se marcó, algo dentro se nos mueve y nos preguntamos si las cosas pudieron haber sido diferentes, aunque sabemos que no, que todo sucedió de forma perfecta. Aunque duele, claro que duele, pero también hay liberación, hay paz, hay espacio.
Se acerca el fin de año y es imposible no recapitular todas aquellas oportunidades que llegaron a cambiarnos, tanto si las tomamos como si las dejamos ir.
Y es que Diciembre siempre llega con preguntas que nos persiguen durante todo el año, pero que preferimos ignorar; les sacamos la vuelta. A veces una que otra nos alcanza y no queda más que enfrentarla, pero si podemos escaparnos, lo hacemos y las dejamos para el final, como si esto fuera a regalarnos más tiempo de certeza, de menos cambio, de menos movimiento.
Diciembre y las preguntas del millón: ¿Realmente esto es lo que quiero? ¿Este es mi sueño? ¿Debería irme de aquí? ¿Y si me quedo? ¿Realmente estoy explotando todo mi potencial? ¿Merezco esto? ¿Y si pauso mejor esto? ¿Debería arriesgarme?
Las preguntas son infinitas y llegan a nosotros porque estamos listos para accionar, para resignificar, para intentar, para equivocarnos y aprender, para creer en nosotros, para volver a dar otro giro de 180° y otro más, porque justo eso es lo que termina por acomodarnos la vida, los sueños, las ganas.
Diciembre llega con nostalgia, pero es una nostalgia llena de amor, que nos invita a celebrar las versiones de nosotros que se quedaron atrás para darle lugar a esta de hoy, las decisiones que tomamos y las que decidimos posponer.
Diciembre es un mes que nos invita a tener paciencia con nosotros mismos, que nos invita a cerrar como queremos iniciar; nos invita a agradecer todo lo que nos trajo hasta aquí y, sobre todo, nos motiva y abre la puerta a no dejar las cosas inconclusas, a arriesgarnos porque el cambio que evitamos es la única constante y la única manera de llegar a donde el día de hoy queremos llegar.
-Valeria Leal

