Voy saliendo de una sesión de astrología. Fue un regalo. Uno de los mejores, podría decir. En cuanto termino me solte a llorar, pero de una forma increíblemente deliciosa y liberadora. Le envíe mensaje a mi amiga y solo pude agradecerle.
Hay algo de magia en el día a día que es imperceptible. De alguna forma, toda decisión, relación y momento me acerca al lugar en donde debo estar. Nunca logro entender cómo, ni por qué, pero un día solo me escucho diciendo en voz alta: Esto llegó en el momento perfecto.
Sin saberlo, me preparaba para ese instante.
Así se sintió esta lectura. Fue un abrazo a tantas versiones de mí. Un abrazo a esa relación que me llevó a vivir todos mis extremos, que me enseñó de tantas formas que al día de hoy sigo descubriendo, y un abrazo a la relación que hoy me demuestra y sana partes de mi día a día. Un abrazo a los pequeños límites que me han costado tanto, un abrazo a esos sueños que todos los días me recuerdan, que ahí están esperándome. Un abrazo a cada palabra que he logrado dejar en papel. Un abrazo a quienes por elección me rodean, me sostienen, me permiten estar y me recuerdan que el camino es acompañado.
Hay tantas herramientas esperando por nosotros, tantos mapas que nos muestran tan claro el para que, el que, el cómo y frente a ellas, cubriéndolas, tanto miedo a lo que podemos encontrar, a la luz y la sombra que las acompaña, que refleja lo que somos, lo que hay dentro y lo que podría ser si tan solo nos atrevemos a experimentarnos, a ir profundo y vernos.
Mereces mucho amor. Mereces mucha contención, mereces, mereces, mereces.
Merecemos todo aquello que somos capaces de dar, lo merecemos de regreso, para nosotros, para ti y para mí.
—Vale Leal

