Poner las cosas en papel siempre representa hacerlas reales, ya no hay vuelta atrás. Para mí es tan poderoso como decirlas en voz alta, una vez que salen de tu sistema entonces quedan afuera existiendo con su propia energía, siendo visibles y tangibles, pero al hacerlo se crea esta línea paralela en donde tenemos la oportunidad de transformarlas, de hacer algo con ellas afuera y con el espacio que queda dentro de nosotros al haberlas liberado.
Me siento abrumada, triste y cansada, siento que bailo en medio de la incertidumbre, pero a la vez me siento emocionada, llena de certeza, amor, ilusión y ganas. Es raro, es la vida, porque la realidad es que todo cabe y en este momento entiendo que es lo que me toca caminar.
Nada me detiene de vivir el duelo que ha tocado ya mi puerta, excepto por el hecho de que al hacerlo sé que todo se volverá real, tomara su lugar en mí y el proceso de cambio iniciara y al pensarlo siento como el nudo en mi garganta se va haciendo más y más grande, salen lágrimas descontroladas, pero quizá no son de tristeza como pensaba, quizá son de incomodidad, algo de miedo con una mezcla de ilusión y emoción por lo que me espera.
Por primera vez en toda mi vida soy consiente de lo que implica vivir un duelo, por primera vez lo entiendo y veo desde un lugar menos doloroso y más necesario y ahora no puedo evitar prestarle atención y darle su espacio. Así es como quiero vivirlo, lo quiero sentir todo, lo quiero procesar y transitar desde el amor y lealtad a mí, a esa Valeria de 29 años que entro a una empresa sin tener una idea de las personas tan llenas de magia que conocería ahi dentro, sin saber lo que estas despertarían en ella. Esa Valeria a quien le cambio la vida, las ganas y se le despertaron los sueños y las posibilidades de cumplirlos.
El duelo no es cómodo, no es corto, pero sí que es de tiempos justos, es transformador, liberador y una vez que te atreves a vivirlo ya no quieres que haya vuelta atrás. No la hay.
VL

