Ha sido difícil quitarme etiquetas, siento que a veces, algunas se quedan pegadas en lugares donde lo alcanzo a ver, pero que en momentos muy específicos se dejan lucir, aun así han sido varias las que he logrado dejar ir, pero qué sencillo es encontrar nuevas para habitar.
A veces siento que es más fácil caminar por la vida sabiendo que algo me define, que allá afuera me identifican con algo específico y que por esa razón conectan conmigo, que solo tengo que ser una cosa y ya, pero a la vez es lo más complicado y limitante que se puede experimentar, el etiquetado. Es una jaula invisible que poco a poco me priva del ser camaleónico que tengo la libertad de ser. Una jaula que me priva de mudar de piel, cuántas veces me dé la gana.
Vivo en esa dualidad entre lo que sí y lo que no. Lo que sí soy hoy y lo que no quiero ser mañana. Lo que fui hoy con quienes me rodean y lo que soy cuando estoy a solas con miles de emociones y pensamientos abrazándome, algunas veces sofocándome.
Vivo entre el cómo se ve mi mejor versión, la cual muchas veces idealizo, una persona ligera, auténtica y coherente y lo que soy hoy, con altos, bajos, muchas veces diciendo una cosa, pero pensando otra y con una marea que por temporadas descansa, pero que algunas otras no duerme.
Soy consciente y esto me ayuda a transitar con un poquito más de empatía todo, me permite aceptar la ayuda de quienes afuera aceptan mi dualidad, pero a la vez me cuestiono si dejar dormir esa consciencia podría ayudarme a bailar sin tanta resistencia, sin tanto análisis, sin tanta expectativa.
Vuelvo a ser un ser dual. Entre el hoy y el mañana, algunas veces el ayer, aunque ahora cada vez visito menos esos lugares en los que fui, hice o dije algo que ya no puedo cambiar.
Hoy es ese recordatorio que aveces necesito de que vivo entre luces y sombras, es de lo que más hablo, pero créanme que infinidad de veces olvido. Nada es blanco o negro. Nada es tan alto o tan bajo como lo siento en algunas ocasiones. Nada es tan solitario, pero tampoco tan concurrido. Nada es malo o bueno. Hay matices y benditos los matices disfrazados de personas, lugares, canciones, colores, sensaciones, libros, comida. Benditos los matices que me aterrizan y abrazan.
Benditos los matices que me recuerdan que siempre será más sencillo estar despierta en consciencia, presente y dispuesta a transitarlo todo, incluso si soy una y dudo de mañana ser otra.
VL


