Sobre el perdón
El perdón nunca es para el de enfrente, siempre es para nosotros mismos.
Se habla del perdón como el beneficio o regalo que alguien más recibe al ser a uno a quien hieren.
Se habla del perdón como el olvido de lo que dolió, quebró o desgarró, como si esto liberara de culpa a quien sin temor a nada lo hizo.
Se habla del perdón como el sacrificio que se hace en nombre de la bondad y el amor hacia alguien más, pero nunca a nosotros mismos.
Se habla del perdón como una decisión sencilla y sin vuelta atrás, en donde, una vez que sucede todo mágicamente vuelve a la normalidad. Se borra, se olvida.
Se habla del perdón mucho, pero creo que poco se entiende de él.
Creo que el perdón tiene muchos matices y, en mi caso, podría decir que tiene muchas escalas de intensidad. Porque algunas cosas con el tiempo las agradeces y desde este lugar el perdón sucede de la forma más natural y orgánica, pero después hay situaciones que dejas pendientes, sintiendo que si das el paso, si tomas la decisión de perdonar, entonces algo dentro liberara a alguien más y no quieres, no se te hace justo y entonces sigues conservando esa emoción. Un recuerdo que comienza a distorsionarse porque la mente poco a poco resignifica o intensifica en muchos casos lo que es momento de soltar.
Con el tiempo y el cúmulo de recuerdos, historias, experiencias mías y de quienes amo, con el tiempo he aprendido que el perdón no es para quien hace, el perdón es para quien lo da. El perdón libera a quien de corazón perdona. El perdón vacia y con mucha paciencia este también sana, sana a quien lo da, no a quien lo recibe.
El perdón no borra nada, pero sí te mueve de lugar y entonces la perspectiva cambia.
El perdón nunca es para el de enfrente, siempre es para nosotros mismos.
VL
IG: leal_ati

